«

»

Print this Post

Capitulo i

Hace como un año decidí que iba a empezar a tomar notas para una novela. Hablar con gente como Tomás Manzano, Juan Gómez-Jurado u Otis B. Driftwood me ha inspirado ciertos pasajes, ciertas conexiones. Lo cierto es que entre mil cosas que intento hacer, todavía no le he dado forma, aunque tengo un esquema. Sólo por si acaso acabo siendo también un programador en esto (ya sabéis, a los programadores nos encanta empezar cosas… no necesariamente terminarlas) voy a publicar lo que serían las dos primeras páginas.

La última revisión de este trozo es del 10 de enero de 2014, pero originalmente lo escribí a mediados de agosto de 2013. Lo hago porque uno de los motivos para no seguir escribiendo es que la realidad me está adelantando por la derecha y no soy capaz de hilar tantos hechos reales con la ficción que me planteé como quería: todo me queda gris, apagado, desaturado en comparación con lo que sale en periódicos y TV. Os dejo este trocito que, espero, refleje la intensidad que desde el principio me gustaría darle. Bienvenidos.


Aún no estaban muertos. La sangre borboteaba de sus gargantas al ritmo de sus respiraciones entrecortadas. Sirenas de todo tipo se oían en la distancia. Alguien había colocado algunas prendas rasgadas sobre el cuello del vicepresidente. Todo sería inútil. El personal sanitario tardaría demasiado en llegar entre tanto caos. El personal de seguridad mantenía una formación en diamante alrededor del futuro cadáver del político. Gente cercana y alejada gritaba y corría sin destino claro. Ninguno de los agentes tenía ni idea de como había podido suceder algo así, pero había sucedido: el vicepresidente había sido apuñalado en la traquea y su atacante se había apuñalado a sí mismo justo después.

Ambos estaban ahora derrumbados en el suelo, cada uno en su charco de sangre particular, haciendo que el suelo representara un mapa en el que dos paises rojos fueran extendiendo sus fronteras hasta invadirse mutuamente en algún punto indeterminado de color gris adoquín. Una grabadora manchada de sangre reposaba junto al cuerpo del asaltante. Era una de esas grabadoras en cinta tan pasadas de moda que ya nadie usaba desde que los aparatos digitales se habían popularizado. Sin embargo lo más llamativo no era lo antiguo del aparato, sino algo mucho más fuera de lo común: de uno de los lados cortos asomaba algo metálico y con un brillo indeterminado que dependía de la fuente de luz que se reflejara. A ratos anaranjado por la luz de las ambulancias, a ratos azulado por las luces de los coches de policía pero siempre con un inconfundible color rojizo, fruto de la mezcla de sangres que lo bañaba.

La sangre del vicepresidente y la del atacante se mezclaban sobre la afiladísima hoja de puñal que asomaba por el extremo de la grabadora. Los botones de REC y PLAY que estaban pulsados hasta ese instante, saltaron automáticamente al llegar la cinta hasta su final. Los sanitarios, que intentaban taponar las heridas de los dos cuerpos, desistieron de sus intentos y se miraron unos a otros con lentas negaciones de cabeza. El personal de seguridad se comunicaba mediante sus radios semiocultas, mirando hacia todos lados. La multitud que se agolpaba contra las vallas que cercaban el Congreso comenzó a entonar un cántico uniforme, cada vez a mayor volumen, sin musicalidad definida, sin melodía concreta. Miles de voces clamaban: “Hoy. Hoy. Hoy.” y nadie escuchó el chasquido de la grabadora al detenerse. .

About the author

Dani Ramírez

Artesano del conocimiento, del software y los juegos de mesa. También Ex-CEO de una empresa que nunca dio beneficios, Ex-programador a tiempo completo, Ex-estudiante de ingeniería... Knowledge, software and board game craftsman. Also, Ex-CEO-of-a-company-which-never-had-profits, Ex-full-time-programmer, Ex-engineering-student, ...

Permanent link to this article: http://danibishop.com/en/capitulo/

Pinterest